jueves, 29 de mayo de 2014

Saturno

   Por Tato Ferrer

 Siempre y cuando no seas de origen  neardental.  Uno de los requisitos elementales de exclusión automática. Para la prueba del algodón,  tenemos que seleccionar,  de nuestra reserva africana, algún ejemplar amaestrado en Perejil. Que haya pasado por la afamada escuela internacional del conocimiento sapiens.  No son tantos en su número, pero sí en su buen hacer. Se les puede observar cómo se comportan en su hábitat  natural.  Abren  la cancela de la puerta de acceso a Santa Catalina, aunque sus muertos estén descansando en camposanto distinto.  Realizando  cometido de   improvisado portero de cementerio ajeno.  Pelotas  consumados del vivo. No hacen gala de ahorrar en  gestos   hipócritas.
 Es lo que tiene Perejil. En escaso tiempo, por medio de cursos acelerados,  educan en el difícil arte de medrar.  Los meros bagajes de la mediocridad, y  la escasa o  nula  preparación académica, suficientes avales. En pocos años,  cabalgan con silla de oro. Carrera meteórica. Atraca yate disimulado, camuflado,  en Puerto Marina, Benalmádena Costa. Alejado de  las miradas envidiosas de los humildes ceutíes.  De aquí, que a los neardentales  nos  esté,  terminantemente prohibido,  pisar la  isla magistral,  debido a nuestra condición de comunes.   Se jactan  de  ganarlo  merced  a estar  bendecidos desde atalayas y minas del rey Salomón. No es el diseño, el dibujo, para los humildes,  condenados al sudor.  Para colmo de las suertes, los privilegiados, los selectos, los elegidos,   no se ven en la necesidad  de usar  el desodorante en cantidad abundante, pues se lo ponen fácil. El esfuerzo mínimo  en el rendimiento,   no llega a ser causa  de  ese molesto y desagradable olor a sudor.   A huevo de gallina de pueblo. Con todo,  son desagradecidos como manda el código secreto Perejil. Si creen menester apuñalar, que se quite Bruto.  Reciclados con matrícula de honor.