viernes, 27 de abril de 2007

El estrangulamiento de Ceuta funciona con normalidad

Por Tato Ferrer


El caos está servido. El estrangulamiento funciona. El sentenciado a morir en la horca tiene cuerda y árbol.

Nuestra salida y entrada natural es con Marruecos; lo digo porque hasta que no finalicen las obras de ese puente de conexión entre el continente viejo y el continente salvaje, proyecto anunciado en el siglo tres mil a. c. y cuya finalización está “revelada” por Nostradamus para cuando los hombres volvamos a un nuevo principio de los tiempos creando entonces una forma espiritual de entendernos entre hermanos en la que conviviremos; hasta entonces, como digo, las cosas son como son.

No todos los responsables se marcharon sin más; alguno dejó su semilla.

Conciliar las medidas de seguridad con el natural deseo de los ceutíes de pasar la Aduana de El Tarajal en un tiempo razonable, es algo fundamental por necesario. A no ser que se trate de estrangular del todo esa vena, esa vía de comunicación.

Al volver a Ceuta ahora te ves obligado a pasar un exhaustivo control a cargo, primero, de la Policía Nacional y después, por parte de la Guardia Civil. Son dos filtros rigurosísimos en los que te obligan, por dos veces insisto, en unos pocos de metros, a levantar el capó, registran el interior del coche y abrir el maletero para que comprueben con un celo que para sí lo quisieran más de una perrita, si en el cofre llevas algo más que aire.