Por Tato Ferrer
ARROYO Y CALA
Si rememorar el pasado sabiéndolo tan íntimamente nuestro se nos antoja con la distancia recuerdo ahora, cuando comienzo a chupar (me inicio en la práctica a ver qué tal se me da) tinta de mi vieja pluma intentando, una vez más, dar forma plasmada a mis pensamientos que fluyen por el arroyo de Calamocarro evocando aquellos tiempos pasados en los que en los inviernos de Ceuta el arroyuelo llevaba agua dulce en su discurrir hasta depositarla generosamente en el mar cristalino dela Cala
más bonita de la ciudad.
La Cala de Calamocarro no pertenece al extrarradio; pertenece a otro mundo más allá de mi territorio africano a donde, para mi desgracia, no llegan los sonidos negros de los tambores de la jungla. Ni tan siquiera soy capaz de recibir los ecos repetidos porla Mujer Muerta y su buen amigo el hombre
Neardental.
RESERVA NATURAL DE TIBURONES… Y COCODRILOS
La isla del Perejil menos abandonada. Desde luego, más vigilada. Hasta allí por no llegar no vienen en su “hospitalaria” y multitudinaria visita ni las medusas. Ni los del Domund a poner unas banderitas.
La Cala no necesita de redes, ni de banderas.
Si rememorar el pasado sabiéndolo tan íntimamente nuestro se nos antoja con la distancia recuerdo ahora, cuando comienzo a chupar (me inicio en la práctica a ver qué tal se me da) tinta de mi vieja pluma intentando, una vez más, dar forma plasmada a mis pensamientos que fluyen por el arroyo de Calamocarro evocando aquellos tiempos pasados en los que en los inviernos de Ceuta el arroyuelo llevaba agua dulce en su discurrir hasta depositarla generosamente en el mar cristalino de
La Cala de Calamocarro no pertenece al extrarradio; pertenece a otro mundo más allá de mi territorio africano a donde, para mi desgracia, no llegan los sonidos negros de los tambores de la jungla. Ni tan siquiera soy capaz de recibir los ecos repetidos por
RESERVA NATURAL DE TIBURONES… Y COCODRILOS
La isla del Perejil menos abandonada. Desde luego, más vigilada. Hasta allí por no llegar no vienen en su “hospitalaria” y multitudinaria visita ni las medusas. Ni los del Domund a poner unas banderitas.
La Cala no necesita de redes, ni de banderas.